La cruda realidad

¡Cuánto cuesta llegar a ser un deportista de élite y cuántos nos hemos se han quedado por el camino! Todo el mundo ha tenido la típica conversación madura sobre nuestro futuro con los amigotes en el recreo del colegio y que empezaba con un: “Yo voy a ser jugador del Real Madrid, ¿y tú?”… “¡Pues yo también!” Luego ya la implacable realidad nos va poniendo en nuestro sitio.

Partido ACB 2010: Real Madrid - Obradoiro. /PABLO GIRÓN

Donde nos imaginábamos entrenamientos y partidos en grandes pabellones abarrotados con pancartas y speaker incluido coreando nuestros nombres, en realidad hay una pista de asfalto con un par de canastas que tienen media red colgando y un tablero de madera. Y a menudo te encuentras con aros torcidos (si no rotos) por culpa de esos gamberros que llegan a machacar. Tampoco podemos despistarnos en los tiempos muertos mirando la coreografía de las cheerleaders, porque las últimas cuatro carreras no nos han dejado aire ni para fijarnos en la novia de algún compañero. En lugar de tener un grupo de ultras con cánticos ensordecedores, nos conformamos con engañar a los amigos para que nos vengan a ver jugar.

Nada tiene que ver con aquellos sueños de la infancia un banquillo con tres jugadores sin aliento, cuando lo que nos hubiera gustado es tener a cuatro entrenadores, un preparador físico, un médico, un fisioterapeuta y otro tío que te traiga la botella de agua y una toalla para el sudor.

El bolsillo también anhela lo que pudo haber sido y nunca fue: tener que pagar para poder entrenar un par de días a la semana y jugar con los amigos de siempre en el equipo del pueblo queda muy lejos de la fama y los sueldos astronómicos que uno creía tener asegurados. Los viajes en avión cada quince días y sin esperas eternas esperando a embarcar, en nada se parecen a los desplazamientos de cinco personas metidas en un Clio.

Pero, más allá de las infraestructuras que tengamos, de una afición más o menos incondicional y de una cuenta corriente en números rojos o verdes, siempre quedarán pequeños grandes placeres que serían inalcanzables desde la cima del éxito. Bueno, solo se me ocurre uno: las ruedas de prensa y entrevistas después del partido no superan a la las cervecitas en el bar para reponer fuerzas.

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Acerca de Pablo Girón

Todavía disfrutando de la Universidad a la vez que se prepara para ser un futuro periodista el día en el que alguien le contrate. Los deportes es lo que más espacio ocupa en su cabeza, para disgusto de sus padres, que han invertido seis años en estudios de Economía y Periodismo. Algunos amigos cercanos apuestan a que algún día muy lejano sonará la melodía de "We are the champion" en lugar de la marcha nupcial. Otros más sensatos apuestan a que ese día no llegará nunca. Ver todas las entradas de Pablo Girón

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